El viajero de Esmeralda Capítulo 1

Hola! Waoh, se siente como si hubiera pasado una eternidad desde la última vez que tuve el gusto te publicar y platicarles u.u Lamentablemente mi vida universitaria me ha tenido sofocada, sin ganas de nada y sin tiempo cuando deseaba escribir.
Pero el semestre se terminó!
Estoy tan feliz de poder regresar, de poder escribir y poder compartir este espacio con ustedes una vez más.
Agradezco a todos los que se han mantenido al pendiente del blog y de mi persona por facebook. A quienes me han tenido paciencia, su espera terminó y vengo con baterias nuevas ;D
Está serie fue la que ganó, la otra desapareció del blog pues... supongo que terminaré el libro y veré que hago con el xD
Este primer libro estoy reescribiéndolo, tengo un par de capítulos hechos pero están siendo editados, espero actualizar una vez a la semana! por estos dos meses y medios de descanso :D
Bueno, no hablaré más. Espero disfruten el primer capítulo ;D
Nos estamos escribiendo.
Un abrazo♥


Capítulo 1

Gritos. Llanto. Sangre… demasiada sangre. Tanto dolor. Tanta devastación. Cuerpos tirados como muñecos inservibles, casas despedazadas y el sonido insoportable de la metralleta. El olor a pólvora, el olor de carne quemada. El acre olor del miedo y desesperación.
La guerra, era como vivir una pesadilla.
Un sueño que parecía no terminar nunca. Aunque todos sabían que no lo era, que cuando el ejército Real de Esmeralda aparecía en la entrada de un pueblo era porque debían rendirse. Lamentablemente había muchos que se negaban a ser usados como carne de cañón, en una guerra que estaban perdiendo. Ohsyn estaba cayendo en manos de Lyetah, el Reino de los temidos “demonios”, por lo que todos los poderosos de las orillas del reino estaban siendo cazados para unirse a la refriega.
Claro que nadie quería. No cuando sabían que la triada del Poder Esmeralda solo quería tener el poder de Lyetah para sí mismos.
—General. Señor, hemos capturado a quince poderosos. Diez jóvenes y cinco mayores —habló uno de los capitanes manteniendo su formación frente al que se consideraba uno de los hombres más fuertes de la milicia del Reino.
Un hombre que se consideraba a sí mismo un monstruo y al que muchos temían por la misma razón.
Ojos negros como la noche, se movieron lentamente hacía el hombre bajo su mando. La expresión del capitán mostró nervios al ser contemplado con la típica expresión en blanco de su líder. El General no mostraba expresión alguna, su rostro era severo y sus ojos casi parecían vacios. La mayoría de los miembros de la primera compañía sabía que no debían molestarle cuando se alejaba del puesto de mando para caminar entre los resto del ataque que habían perpetrado.
Pero el capitán Alphonse Vanh era de los pocos a los que el General aceptaba.
—Entiendo —respondió con su voz ronca, profunda y escueta. Se volvió dándole la espalda al soldado mientras volvía sus pasos hacía donde había impactado lo peor de las armas. —Encárgate de que sean trasladados a la base, quiero que mujeres y niños sean llevados al campamento para ser atendidos.
Vanh se enderezó chocando el talón de sus botas mientras saludaba en despedida a su General.
—Señor, sí señor.
El General de la fuerza militar Ohsyn, Declan Elric miró de reojo como Vanh se alejaba para luego volver a su caminata. Vanh era de los pocos hombres que se habían ganado su respeto, cumplía con su deber pero no era un sádico que disfrutaba de ello. El hombre de ojos amarillos mostraba compasión cada vez que era ordenado de detener o doblegar. Por eso tenía su respeto, de lo contrario sería otro de los hombres que mandaría a la primera línea de ataque para ser desmembrado por los demonios.
Sí ellos no tenían compasión, porqué debía tenerles él. Era la clase de hombre que pensaba que cada quien recibía lo que merecían, estaba seguro de que recibiría lo suyo a su tiempo.
Siguió con su caminata. Una que se obligaba a dar para recordarse todo lo que había hecho. La sangre que, aunque no era visible, corría por sus manos. Tenía que recordar, presenciar todo lo que había hecho, todo lo que había provocado. A su propia gente, a los mismos que se supone debería estar defendiendo. Recorrer el lugar solo era una forma absurda de hacer que su mente no olvidará sus pecados, que en algún momento iba a pagar.
Los hombros se mostraban rectos, pero la cabeza estaba gacha con el rostro oculto por la visera del gorro y las manos entrelazadas a su espalda. Por el rabillo de sus ojos miraba a sus hombres recoger los cuerpos y tirarlos en carretones que luego serian juntados para echarles fuego. Él seria quien lo prendiera. Era la única muestra de respeto que podía hacer por su gente, la gente que se suponía debía defender pero que estaba siendo obligado a asesinar.
No era un consuelo, tampoco era una excusa. Sabía que no tenía perdón pero no había nada que pudiera hacer. Era un esclavo tanto o más, que cada uno de los miembros del la milicia. Claro, exceptuando a los grandes jefes. Ellos eran los que estaban comiendo ansias por ganar una guerra que estaban cerca de perder y habían caído tan bajo como empezar a buscar soldados fuertes entre sus civiles.
Declan no sabía cuánto más podía soportar, estaba haciendo lo posible por que las bajas en los civiles no fueran tantas pero cuando estos se negaban… No había mucho que hacer. La orden era llevarlos incluso a la fuerza.
Se detuvo cuando llegó al final del pueblo. Ese lugar nunca sería el mismo, habían luchado con todo por evitar que los jóvenes poderosos fueran tomados y casi lo habían logrado. No habían contado con el General, si Declan no hubiera sido mandado en esa misión posiblemente pudieran haber huido. El inhibidor era uno de los poderes que lo hacían único, la razón por la que muchos temían enfrentarle.
Menos los demonios, ellos no eran afectados por su poder. Aunque Declan insistía a sus líderes que podía enfrentarlos, posiblemente morir en el intento, pero lograría la victoria. Los muy malditos no querían perder al único hombre capaz de detener y controlar a los poderosos, pero tampoco le daban la libertad de su puesto. Estaba atado de manos, sin posibilidad de escape y sin la oportunidad de defenderse.
—No van a detenerse, ¿verdad? —la triste voz habló a su espalda haciendo que Declan se volviera ligeramente.
El rostro joven demostraba una gran tristeza así como cansancio, seguramente había viajado en vela hasta llegar a ellos. Ese pequeño pueblo estaba alrededor de tres horas de la capital, pero por la hora del ataque el joven debió haber hecho el viaje de noche. Estaban cerca de la madrugada para ese momento.
—Dane…
Su hermano pequeño, la razón por la que Declan era un juguete de los líderes. Los suaves ojos marrones que miraban todo con temor y dolor, que se aferraba a su mochila de mensajero como si pudiera abrigarle del frío que sentía. Declan había querido protegerle de todo, de tener que verlo en esa situación. Siendo un asesino a sangre fría. Pero no podía, no era lo justo y su hermano no era más un niño de cinco años como cuando su madre había muerto.
Dane era un hombre de veinte años, un hermoso joven con un gran futuro por delante. Declan le debía a su madre el que su hermano terminase con su carrera, que se alejase de la milicia y pudiera vivir una vida común. Pero para ello tenía que hacer muchos sacrificios aún.
—¿Qué haces aquí? —preguntó cuando le pasó la impresión de tenerlo cerca después de no verse por tres meses.
Dane suspiró y bajo la mirada, el joven se resentía cada vez que era tratado con frialdad por su hermano mayor. Claro que lo entendía, sabía porque Declan se comportaba de esa manera, pero eso no significaba que no le doliera.
—Alarick me ha mandado con un mensaje —dijo con la mirada en el suelo, incapaz de ver a los soldados de su hermano transportando cadáveres de personas inocentes.
Declan miraba a su hermano de reojo. Ellos para todos eran como copias, el mismo color de piel y de cabello, con la diferencia de sus ojos. Así como la estatura, donde Declan media casi el metro noventa y Dane apenas llegaba al metro setenta. Dane mantenía un rostro lleno de pasión, dulzura y juventud. Mientras Declan mostraba la razón por la que todos le temían, un rostro que no mostraba compasión alguna.
Tan diferentes, pero aunque nadie lo decía en voz alta, sabían no debían darle una segunda mirada al joven futuro doctor. El General podía tratar a su hermano con indiferencia pero aquel que intentase tocar un solo cabello de los risos negros… no viviría para contarlo. Incluso cuando el joven tenía un fuerte y capaz hombre a su lado, la real amenaza la representaba en sobre-protector hermano mayor.
—Un mensaje… —Declan hizo una mueca de burla—, ¿acaso Alarick cree que tiene derecho de hacerte viajar a cualquier parte? —Su mirada estaba fija en su hermano—. Tú eres un estudiante, no un maldito mensajero…
Dane se estremeció, alzó su mirada encontrándose con los ojos llenos de furia de su hermano. Alarmado por lo que su hermano podía ser capaz de hacer si veía que su seguridad era amenazada.
—Yo le pedí venir, quería verte… quería saber cómo estabas —cerró los ojos y bajo el rostro—. Dijo que te enojarías pero no lo escuche… solo quería verte Dec…
Declan suspiró.
—Este no es tú lugar, Dane —dijo sin apartar la mirada, no buscaba intimidar a su hermano pero era necesario recordarle al joven que no debía tentar la suerte. —Deberías estar en casa atendiendo a tú marido…
Dane apretó los puños. —No estoy descuidando a mi pareja, esto no tiene nada…
Declan negó cortando las palabras de su hermano.
—Alarick tiene hombres capacitados, tú eres un estudiante… —bufó—. Enfócate en lo importante, no en estupideces.
—¡Verte no es una estupidez! —se calló de golpe luego de su exabrupto.
Declan lo vio pelear contra sus pensamientos, al mismo tiempo que recordaba que su posición no le daba derecho de faltarle el respeto. Menos frente a su compañía. Lo vio enderezar sus hombros y alzar su barbilla de manera testaruda, como solo podía hacerlo un Elric, era su hermano después de todo.
—General, se le pide regresar a la ciudad central para presentar su reporte—. Dane mantuvo su expresión seria, aunque sus ojos brillaban con tristeza—. Los líderes quieren verlo de inmediato.
Se sentía como un bastardo al ver la expresión dolida que Dane buscaba ocultar, pero no podía darse el lujo de mostrar dolor. Había luchado mucho porque Dane obtuviera un matrimonio justo y por amor, con la mano derecha de uno de sus dictadores.No debería estar tentando la suerte. Su hermano tenía que entender, así como su cuñado, Alarick estaba jugando con fuego complaciendo a su marido.Tendría que hablar con el consejero, una vez más.
—Vamos —dijo simplemente pasando al lado de su hermano.
No espero que lo siguiera, sabía que Dane podía estar molesto pero sabía su posición. Declan tenía un gran peso sobre sus hombros, agregar la tristeza de su hermano era algo que pretendía no era importante, pero en realidad le mataba.
Pero debía seguir, Dane no terminaba la carrera y Alarick no había conseguido el puesto de comisionado para salir del país. Pronto, solo tenía que tener paciencia, su hermano estaría fuera de las garras de los líderes… entonces Declan podría respirar.
Solo tenía que tener paciencia.



La calle estaba desolada. El toque de queda había sonado hace más de una hora, por lo que solo militares transitaban por la ciudad. Las puertas estaban cerradas por dentro con grandes trozos de madera, incluso algunos iban tan lejos como para dormir en los sótanos. Las ventanas reforzadas, solo con algún agüero lo suficiente pequeño para espiar cuando alguien se acercase demasiado. Claro que era un desperdicio, nada detendría a la primera compañía de derribar las puertas y quemar hasta los cimientos para conseguir lo que fuera que estuvieran buscando.
La gente vivía con miedo, esperando por su turno. Rezando por no tener un solo hijo poderoso, por no conocer a nadie con esa maldición.
Un reino, una ciudad, lejos había quedado lo que mucho antes había estado lleno de vida y paz. Los más viejos contaban historias de un gran Rey, de la paz que se vivía en tiempos pasados cuando Él estaba con ellos, cuando no había necesidad de pelear. Todos añoraban que las historias se hicieran realidad, los niños soñaban con ese salvador que haría que sus madres dejasen de llorar y sus padres no temblasen con cada toque en la puerta.
Todos deseaban paz.
Era una pérdida de tiempo, no había un héroe. Los cuentos solo eran eso, historia para calmar los sueños de los pequeños. Desear que ese ser existiera era tan factible como pedir el fin de la guerra, ninguno de los dos estaban cerca de pasar.
Por más que también añorará la fe de los ancianos o niños.
Declan caminaba con pasos suaves aunque precisos. Se supone debería estar durmiendo para reunir fuerza para su próximo viaje, pero no podía dormir. Algo que era usual. Prefería caminar, cosa que era usado como burla por vario de sus compañeros. Los otros comandantes pensaban que caminaba tanto para mantenerse en forma, pasar tanto tiempo sentado en su base de mando dirigiendo podía volverlo gordo. Lo que era una tontería, en realidad pasar tanto tiempo sentado solo podría volverlo loco. Poco le importaba las cosas mundanas que ellos pensaban, Declan tenía mayores preocupaciones.
Ignoró los pensamientos de sus compañeros y prefirió seguir con su caminata. También ignoró a los soldados que al verle pasar se detenían a saludarlo, solo quería estar solo.
Se detuvo cuando pasaba sobre un pequeño puente, su mirada fue directamente al tranquilo río que corría con tal naturaleza. Se acercó al borde del puente y se apoyó en el barandal, cruzando sus brazos para colocar su cabeza entre ellos. Se sentía tan cansado pero sabía que el sueño no llegaría, por lo que ver esa calma tal vez podría alejar las voces que atormentaban su descanso. Al menos, eso esperaba.
—Es una bella noche, ¿no lo cree?
Declan parpadeó sorprendido al sentir como alguien se apoyaba a su lado, lo miró de reojo. Todo su cuerpo estaba repentinamente tenso. No había sentido que alguien se acercará, tampoco había escuchado pasos acercándose. Miró la sombra del hombre, porque la voz había sonado suave pero profunda.
—Está bastante serena —aceptó al no ver intensión de atacarle.
Pero sus dedos se unieron bajo su barbilla llamando su poder, el inhabilitar cualquier poderoso podría salvarle la vida. A menos que se tratase de un simple civil, quien usaría un arma con facilidad y podría herirle. Si se tratase de un civil armado, bueno, esa sería su suerte. Igual, era mejor ser prevenido.
Aunque no le temía a morir.
El hombre apoyó los codos en el barandal. Declan notó, con lo poco que el alumbrado eléctrico le permitía, que el hombre era un par de centímetros más alto. Eso era una novedad, aunque era delgado donde Declan era ancho de hombros y lleno de músculos.
—Las luces en la ciudad opacan un poco las luces del cielo —comentó el desconocido con cierto tono de melancolía—. En todos mis viajes no había visto el cielo tan opacado, tampoco tan triste como en esta ciudad.
Un viajero. No era una sorpresa que el hombre se sintiera tan perturbado por las luces, Declan algunas veces odiaba el alumbrado eléctrico pero era parte de la ciudad. Parte de ese tonto concepto de “civilización” que tenía a los científicos buscando soluciones a cosas tan naturales.
—Es triste —aceptó de manera simple.
De alguna manera bajo la guardia al sentir al forastero suspirar y acomodarse contra el barandal. No mostraba algún indicio de querer atacarle, por lo que no iba a buscar pelea donde no había ninguna. Tenía más suficiente con las luchas a lo ciego a las que era obligado.
—Las estrellas deben extrañar iluminar a Esmeralda como antes, también creo que Ella debe estar resentida —suspiró—. No recuerdo que las cosas fueran tan negras o blancas, tampoco una guerra.
Declan lo miró de reojo. Casi parecía estar balbuceando para sí mismo, como si solo necesitase la compañía de alguien para soltar sus pensamientos.
Declan resopló.
—Yo no puedo recordar un día sin guerra, sin muertes…
El viento sopló haciendo que se acurrucase más sobre sí mismo, así como el cabello de su nuca se erizará. Pero sin duda lo que más lo desconcertó fue la mano cálida sobre su mejilla y la respiración contra su oído.
Se había descuidado, bajado sus defensas y el forastero se había acercado demasiado sin que se diera cuenta.
—Lamento tanto que tenga que vivir con esta guerra, General —le murmuró al oído.
De alguna manera Declan sintió que esas palabras perforaban su mente, sus piernas temblaron y su cuerpo parecía estar derrumbándose. Sentía una vibración recorrerlo entero, casi como si estuviera siendo doblegado por un poder sin límites, ni siquiera podía llamar su poder para protegerse. Un sólido cuerpo lo sostuvo, fuertes manos le acomodaron cuando cayó de rodillas en el pavimento.
Creyó que iba a morir. Que ese forastero había venido con la única idea de acabar con su miserable vida, por un momento se permitió sentir miedo, tristeza por su hermano, pero luego se resigno. Lo merecía, creía firmemente en que sería castigado, no podía negarse a su destino, era demasiado tarde.
Pero fue sorprendido.
Una suave caricia en su mejilla, la respiración soplando contra su oído y la ronca voz.
—El futuro para ambos está a punto de cambiar, espero verle pronto.
Entonces desapareció.



Comentarios

  1. OMG!

    Como te extrañe >///<
    Por muy raro que parezca aunque al principio no me llame la atención alguna de tus historias de todas formas las leo porque se a ciencia cierta que me encantara!... y nunca me e equivocado debo decir... gracias por tu maravilloso regreso y fighting!!

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  2. wow que genial que tengas algo de tiempo libre, me gusta como escribes, pinta muy bien esta historia va tomando forma, espero que continúes y muchas gracias por compartirla..besos

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  3. Hola chic@ que bien que regreses con pilas recargadas espero y ahora si sigamos disfrutando de tu talento muy interesante esta nueva historia ok kisses

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  4. Hola Celeste ! que bueno que te encuentres libre de la Uni. y tengas tiempo para escribir .
    Hasta ahora muy bueno el comienzo , ya quiero saber como continua XD , muchas gracias por el 1er cap ! feliz viernes, besos.

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  5. Madre mía al fin puedo leer el primer capítulo, me ha encantado Celeste, ahora lo malo es que quiero el segundo pronto jajajajajja, genial que hayas tenido tiempo de escribir con la Uni y demás, muchos besos bonita y feliz fin de semana!!!

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