"Intuición" Capítulo Uno

Hola! Bueno... Me ha tomado algo de tiempo ponerme de nuevo a escribir, es algo complicado cuando se pasa seis meses viviendo y respirando pura teorías sobre literatura, más al no tener un tiempo para dedicarle al trabajo de escritura creativa. Pero creo que finalmente he retomado mis ideas, releído mis capítulos y empezado a escribir nuevamente, por lo que les pido no desesperen si me tardo un poco en actualizar (aunque intentaré tomar una rutina para hacerlo, ahora que tengo internet fijo en casa).
Agradezco a las personas que me apoyaron dejando su comentario, como repito, entiendo que he estado mucho tiempo alejada y sé que muchos prefieren leer las historias completas, pero en realidad siento cariño por las personas -aunque pocas comparado con la cantidad de personas que lo han leído-, que me han dejado un comentario. Ya deben saber para ahora, son sus comentarios el pan de nosotros los escritores que poco a poco compartimos nuestras obras y agradezco cada uno de ellos. Me hace feliz un par de palabras, por lo que no olviden dejar su comentario, es realmente apreciado por mí.
Bueno... Este es el primer capítulo de está novela que me ha llamado mucho la atención, como saben adoro escribir fantasía pero no me había acercado tanto (casi nada) al tema de espíritus, fantasmas o poderes psíquicos propiamente. En particular, me encanta el personaje principal, ustedes me dirán si le toman el mismo cariño ;D
Además, creo que debo agregar que cierto estilo en mi narración ha cambiado, tal vez se note (eso espero).
Espero les guste este primer capítulo, tenerles de nuevo animándose a compartir su opinión y animándome a seguir.
No digo más, solo... disfrútenlo!
Un fuerte abrazo :D

Capítulo Uno


Ojos vacíos observaban con placido interés, recorrían de arriba abajo al hombre que le observaba con súbita calma. Era inesperado, sobretodo porque el rostro implacable demostraba mucha más tranquilidad que la que tendría cualquier otro en esa situación. Era casi demasiado calmado y de alguna manera, eso le hacía sentir que debía alejarse, antes de que su alma fuera atraída y no pudiera regresar.
La figura transparente alzó la mano, una clase de saludo, para luego alejarse por donde sea que hubiera llegado. No tenía nada en contra del extraño pero la rara aura que le rodeaba le hacía sentir como que debía caminar al lado contrario.
Edward observó como la mujer descuartizada se movía entre los cuerpos que le atravesaban, con pasos tranquilos y serenos sosteniendo en su costado un brazo cercenado. Nadie creería que había tantos espíritus rondando por un aeropuerto, pero debían recordar que antes esas tierras fueron habitadas por otras personas. Sus manos estaban frías y su respiración algo pausada con el miedo, no importaba el tiempo que tenía de ver espíritus siempre tenía la misma reacción. Era una reacción pavloviana[1], por más que quisiera evitarla, su cuerpo reaccionaba poniéndole los cabellos de punta y los escalofríos se asentaban en su nuca.
Tal vez no estaba siendo justo con sus reacciones exageradas, no era solo el ver personas caminando con miembros destrozados. Más bien, era el tener que regresar al lugar que se había prometido nunca volver.
Su madre le había dicho muchas veces que era un tonto por aceptar ese caso y estaba seguro que cuando la visitará nuevamente, cuando regresara, iba a repetirlo una vez más.
Esa mujer podía asegurar que era único con el problema de ver cosas que nadie más podía, pero sin duda ella siempre sabía leer lo que iba a pasar mucho antes de que pasara. Si ese no era parte del problema que tenía, no creía que fuera un sexto sentido, su madre era por mucho una clase de mujer que no creía en nada, mucho menos en sus instintos.
Pero ese no era un problema para centrarse en ese momento, su madre era única en su especie y era mejor dejar esas incógnitas sin resolver. Más cuando tenía muchos problemas viniendo en avalancha sobre su cabeza, su madre –por raro que le sonase- no era el problema central. Seguro ella estaría feliz de saberlo, siempre se quejaba de que Edward la consideraba su mayor inconveniente –aunque Edward le repetía mil veces que no lo era-.
Respiró profundo frotándose la nuca, mientras trataba de calmar el dolor de cabeza que le perseguía desde que había subido al avión en Washington. Había terminado apenas con un caso cuando había regresado a la agencia, pero cuando el archivo de las “desapariciones” estuvo en su mesa no dudo dos veces en tomarlo e ir a despedirse una vez más de su madre.
Un día entre caso y caso, estaba cansado a más no poder pero la insistencia de que no podía dejárselo a sus compañeros fue demasiado como para que se atreviera a negárselo a su sentido de necesidad. Cuando un caso era importante y el instinto les llamaba a resolverlo ellos mismos, no había una sola persona que se atreviera a meterse en su camino. Sus compañeros lo sabían y su jefe no dudaba en las habilidades que cada uno tenía por lo que se lo había dado aunque lo había dudado al ver lo cansado que se encontraba.
Su equipo no era especial solo por el hecho de ser los agentes más callados del departamento, sino porque tenían un respeto exagerado por las decisiones de los demás. Cosa que hacía que se hicieran a un lado cuando miraban que el caso era personal para alguno, lo que de hecho habían hecho cuando Edward aseguro que podía con ello solo.
Aunque ahora que lo pensaba, hubiera preferido regresar a su apartamento y dormir por dos días seguidos. Pero su sentido de urgencia había desbordado al ver el nombre de su pueblo de nacimiento. No podía evitar que los viejos recuerdos vinieran a su mente y la culpa –absurda, aseguraba su madre- no le había dejado dárselo a otro compañero.
Ahora se encontraba en una pequeña terminal esperando porque algún miembro de la policía llegara por él. La policía local no había estado muy entusiasta con la intervención de los federales pero la situación había sobrepasado sus medios y no tenían opción más que aceptar la ayuda. Claro que no se imaginaban la clase de ayuda que iban a recibir, pero ese era su lugar.
Más allá de tener cierta “habilidad”, estaba el hecho de que era un agente capacitado, tal vez traer a uno de sus compañeros hubiera sido de ayuda. Pero no quería enlodar las cosas, combinar su nueva vida con la anterior era algo que había luchado por evitar por mucho tiempo.
—¿Agente Taylor?
Levantó la mirada del suelo, sus ojos se enfocaron directamente en los dos uniformados. Hombres de pueblo, de anchos hombros y expresiones dudosas. Mayores de cuarenta, compañeros desde siempre y con vidas atadas entre ellos. Seguro que no apreciaban el tener un forastero hurgando dentro de “su” caso, no es que a Edward estuviera feliz por meter su nariz.
—Alguacil Thomas —supuso al levantarse y tenderle la mano al mayor de los dos hombres. —Sub-alguacil Carson —agregó saludando al otro hombre con un movimiento de cabeza.
Ambos vieron con cierta duda al joven, que se alzaba sobre ellos con varios centímetros pasando el metro ochenta. Edward Taylor no era un nombre desconocido, incluso, algunos habían estado dudosos al escuchar que era el agente especial que venía a ayudarles. El mismo alguacil conocía a Martha –la madre-, y sabía que no había nada común en esa mujer o en su hijo. Pero necesitaban ayuda, más que de un hombre con cierto raciocinio, con ayuda de la manera peculiar de un Taylor.
Aunque los ojos verde pálido casi carentes de expresión siempre habían causado bastante revuelo dentro del pueblo.
—Espero que haya tenido un buen viaje —comentó el mayor sosteniendo su sombrero mientras se encaminaban a la salida.
Edward acomodó la cinta de su mochila sobre su hombro así como tiro de la pequeña maleta de ruedas detrás, pese a que el sub-alguacil quiso ayudarle. El joven sabía –y sentía- cuan nerviosos estaban por su presencia, lo que menos quería era causar molestias. Eso era común, pero igual era incomodo.
—No fue problema, señor —respondió al pasar las puertas. Se detuvo a contemplar una vista que hace mucho se había prometido nunca volver a ver.
Había regresado al lugar que considero el mismo infierno de su juventud.

Las camas estaban desechas, pero nada aparentaba que hubieran sido sacados a la fuerza, no había muestras de forcejeo, ni huellas de ninguna clase. Casi parecía que los jóvenes habían huido. Lo que había pasado por la mente del resto de oficiales al inicio, hasta que se dieron cuenta que ninguno se había llevado alguna clase de ropa o elementos esenciales como: celular, ahorros o dejado alguna carta para sus padres. Además, dos de los jóvenes desaparecidos tenían altas calificaciones y padres amorosos que aseguraban sus hijos nunca se irían sin dejar una nota. Aunque eso podía ser cuestionable, Edward no creía que hubieran huido.
Había algo raro en cada una de las cinco habitaciones. Algo frío que le había causado un escalofrío, erizado su piel y lo había puesto nervioso. Aunque era posible que todo fuera debido a que estaba desvelado y cansado, pues no había querido a dormir sino que pidió ser llevado a las escenas del crimen sin estar más de media hora en el pueblo.
Estaba seguro que era más que eso. Tenía que serlo. Pero por el momento no podía encontrar la razón de esa sensación, tendría que repasar todo con un poco de calma.
—Está era la última habitación —comentó el oficial que lo había acompañado.
Edward asintió.
No dijo palabra alguna, tampoco pidió que se realizara algún recorrido por los alrededores de las viviendas. Bien sabía que eso se estaba haciendo antes de que lo dijera. No estaba ahí para comprobar que los oficiales hicieran su trabajo, su deber era encontrar a los jóvenes. Aunque por el momento, no tenía idea de cómo iba hacerlo.
No se quejó cuando fue conducido al único hotel del pueblo, con un movimiento de cabeza y un murmullo se despidió de su escolta. Sus maletas habían sido llevadas cuando comenzó el recorrido por las escenas, así que solo llevaba consigo una maleta con la copia del archivo de cada caso.
Después de acomodarse en la habitación, dejó los archivos sobre la mesa al lado de su laptop en el centro de la pequeña habitación campestre. Se dio un baño con la misma sensación de estar perdiéndose algo, el nudo en el centro de su estomago lo tenía nervioso, así como los ligeros flashes que aparecían a ratos en su visión. Eso era algo normal, pensó, pues había pasado tanto tiempo sin dormir lo suficiente. Aunque una parte de su mente le recordaba que nada tenía que ver el descanso y todo, absolutamente todo, era debido a su percepción de esas almas que le habían perseguido de joven.
Parecían casi entusiasmadas por tenerle de regreso, aunque no les daba la suficiente entrada para andar rodeado de voces. Eso era lo que menos necesitaba. Por más que su psicólogo alegase que lo mejor era dejarles hablar, no bloquearse, lo cierto es que era lo que menos quería.
Pensó en pedir servicio a la habitación, pero de alguna manera sentía que tenía que salir de la habitación antes de ponerse a trabajar en el caso. Había aprendido desde hace mucho que sus instintos era mejor seguirlos, así que se preparó para hacer un recorrido por los recuerdos. Aunque fuera a la fuerza. Se preparó con un sudadero ligero, en jeans y tenis; claro que llevaba su pistola y placa, pues no estaba de turista.
Salió del hotel dándole un ligero movimiento a la señora de la recepción, que estaba seguro conocía. Apenas dio un par de pasos por la acera, su mirada enfocada en el restaurante que había visitado más de una vez en su adolescencia cuando una voz lo llamó.
No una de esas voces que hacían erizar su piel, tampoco las que provocaban fuertes dolores de cabeza o escalofríos. Una voz que había sido en algún momento un bálsamo, para un joven, que sentía que el mundo estaba en su contra. Una voz que le había acompañado junto a un gran peso de culpa.
—Así que has regresado.
Sebastián Lorens.
El único –buen- recuerdo que le quedaba de ese inhóspito pueblo, así como el hombre al que le había roto el corazón antes de salir huyendo como un cobarde.





[1] Una reacción inmediata. 

Comentarios

  1. Celeeeee madre mía cuando he visto digo dios voy ahora mismo, me ha encantado, hacía tanto que no leía nada de ti que estoy emocionada no, lo siguiente jajajajajaj, felicidades por ese comienzo, deseando saber más, muchos besos y feliz fin de semana!!!

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  2. Celeste esto promete me gustan las historias de fantasmas 💕

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  3. hola me encanto celeste, si continuala cuando puedas animo besos XD

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  4. hola celeste, me encanto si continuala cuando puedas animo besoss XD

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