Nunca juntos -Capítulo uno-

Hellow! Ya regresé, como dije en el post anterior, está es una historia que escribí hace muchoo tiempo, por lo que tengo prácticamente rehacerlo xD Pero la base de la historia continúa. La enorme diferencia será la fantasía dentro de la misma pero vamos! Yo amo la fantasía :D
Sean bienvenidos a está historia! Espero tener las publicaciones todos los sábados, aparte haré un glosario para que puedan seguir el hilo de la historia sin perderse. 
Como dije al inicio de la publicación, la historia se encuentra en un mundo creado por mí ;D
Advierto también, que los primeros capítulos son algo informativos y explicativos del contexto en la que se llevará el trama por lo que espero no aburrirles u.u (No será mucho, pero igual les aviso para que no se desesperen).
Creo que eso es todo. Debo agradecer a los personas que se tomaron el tiempo para comentar en el prólogo, GRACIAS! No saben lo feliz que me hace leer sus comentarios, saber que les parece y que me pidan más ;D
Nos leemos :)

Capítulo 1

Éter era uno de los tres reinos de ese mundo, donde vesná era el principal. Un reino donde su gente tenía la particular habilidad de manejar la tierra, dándole el poder del comercio, así como hombres y mujeres con fuertes cuerpos listos para la batalla. Aquello sin mencionar la magia ancestral que en su mayoría podían manejar, haciéndolos amos de los elementos principales. Vesná no solo tenía un gran control en el comercio de Éter, además tenía la más pura línea de sangre real. Una línea tan antigua que se reconocía en el rey actual el poder de crear grandes campos de energía que protegían su poblado.
Vesná tenía a los más poderosos líderes, aunque los otros tres reinos zimá, léto y ósen no se quedaban atrás. Se mantenía una relativa paz, todos en Vesná sabían que eso podría acabarse en cualquier momento por lo que disfrutaban y los nobles buscaban hacer relaciones con los otros reinos. Cosa que había hecho muy felices a todos fue el nacimiento del heredero, saber que la corona estaba asegurada.
Las ancianas pronosticaban luchas, que el príncipe heredero fuera concebido y naciera sin ninguna novedad los colocaba en ventaja, pero había una conspiración. el rey había ignorado esa parte del designio, pero solo el tiempo diría cuanta verdad había en ello.
Todo era cuestión de tiempo.
La luz de un nuevo día se alzaba poco a poco por el castillo Krepost, hasta iluminar las largas torres de color marfil. Los sirvientes se movían de un lado a otro, mientras fuera empezaban a moverse los mercaderes y panaderos, todos aquellos que debían empezar sus labores antes de las mejores horas de la mañana cuando llegasen los visitantes de fuera por sus compras.
Todos con sus vidas usuales.
Menos él, quien era un preso por más que le repitieran lo contrario.
No importaba que hubieran pasado dos semanas desde el primer intento de fuga interrumpido, Wesley seguía intentándolo. Escapar era la única forma de librarse de las crueles palabras y de las feroces miradas. Era odiado y lo entendía, menos que un pordiosero, él no era digno como consorte Real y no es como si el titulo se le fuera a dar. Wesley había sido un simple vientre, alguien que había mantenido durante nueve meses al heredero de la corona y que tenía el desprecio de todos, porque el niño había demostrado intolerancia a ser alimentado de otro pecho.
Aquello solo había fomentado las ideas erráticas de salir huyendo. El joven no se sentía capaz de soportar esas miradas e insultos por mucho tiempo, pero cada vez que trataba de salir huyendo su cuerpo le jugaba una mala pasada y terminaba de regreso sosteniéndose del brazo de la mujer mayor. Era humillante entrar del brazo de la mujer y el hecho de que los nobles le vieran con burla lo hacía cada vez peor.
—¿Os sentís bien? —Preguntó amablemente la Nana del rey.
Wesley respiró profundo, tratando una vez más recuperar los estribos. Puede que odiase su vida en el castillo, pero estaba seguro de que sería mil veces peor si los nobles lograban encerrarlo en un manicomio.
Eso era posible, después de todo, era raro que un vesná pudiese llegar a término un hijo. No solo estaba el hecho de que era varón, sino también, que se trataba de un simple campesino. No tenía suficiente poder para luchar, pero había sido capaz de traer un hijo a su mundo.
Lo que enfurecía a todos.
—Creo que salir de la cama fue una mala idea —comentó en voz baja, solo por decir algo y no seguir con la absurda discusión donde la mujer intentaba convencerle de que ese era su lugar.
Su hogar.
Lo que era imposible, por más que insistiera. No pertenecía al castillo, si se quedaba solo sería una simple decoración, tener que vivir de esa manera era imposible, prefería mil veces vivir en la intemperie.
La mujer chasqueó la lengua con reproche.
—Sabéis que no es bueno que os demandéis —suspiró—. Mandaré a llamar al médico.
Wesley quería refutar, pelear o si quiera repetir que no valía la pena. No lo hizo, claro, estaba demasiado cansado de seguir luchando. Cada día se hacía difícil seguir con su idea de marcharse, siempre que sostenía el pequeño cuerpo contra su pecho… No quería dejarle, el pensamiento de tomarlo en brazos y tratar de huir juntos era una tontería, pero seguía regresando a su mente cada vez que lo contemplaba en su moisés.
Sería cazado como un animal si se atrevía a tomar al heredero del castillo, por más que llevase su sangre también.
No soltó palabra alguna, ni siquiera cuando el grupo de nobles pasó a su lado. Los escuchó burlarse, escupir a sus pies y murmurar obscenidades; su cabeza gacha, su largo cabello cubriendo su rostro entristecido, así como sus ojos llenos de lágrimas sin derramar. En nada ayudaría que llorara, solo sería una carga más para el rey, cosa que estaba evitando como la peste. Era suficiente con tener que estar ahí cuando en cualquier otra situación lo hubieran echado a la calle, pero el rey se había negado.
—Voy por el doctor —dijo la anciana recostándolo en la gran cama de la habitación que le había sido otorgada por el rey en persona.
Wesley se quedó solo, con su mirada perdida en la ventana, sin deseos de levantarse. Poco a poco, sin darse cuenta estaba rindiéndose, dejando de luchar por la vida que le había sido arrebatada y conformándose con lo que el destino había dispuesto para él.
No era fácil, pero cuando escuchaba el suave murmullo de la risa de su niño… Se recordaba que tenía que ser fuerte, si bien no por sí mismo, si por ese pequeño ser que en nada tenía la culpa.
Pero era tan difícil.
Apretó una mano contra su corazón, se sentía tan decepcionado de la vida, triste y despechado. Le dolía pensar en cómo de ingenuo había sido para entregarse a un hombre sin saber su procedencia. Solo había querido ser feliz, sin pensar en las consecuencias. Por una vez en su vida se había arriesgado en contra de todos los concejos que su madre le había dejado antes de morir.
Había sido tonto.
Le dolía tanto pensar en él. Le dolía sentir como el amor que había aprendido a venerar y por el que había luchado por el retoño de su amor, se estaba marchitando.
Le dolía.


—¡No! —gritó colérico.
Los guardias se enderezaron en sus puestos, los sirvientes buscaron esconderse. Nada bueno salía cuando el rey estaba molesto, era diez veces peor cuando el que causaba ese enojo era el mejor amigo y consejero.
Todos preferían esconderse.
—¡Mi rey! —gritó el otro siguiéndole los pasos.
—¡No pienso entregadlo a otro! —dijo mirando a su amigo a los ojos.
El consejero suspiró.
—Entonces le estáis condenando a la muerte —declaró sin delicadeza.
Silencio reino cuando fueron dejados solos, pero también porque el rey sostenía del cuello al que consideraba su mayor aliado. El rostro del conde Lester no mostró miedo, ni duda, mientras encaraba a su mejor amigo y rey. Ambos se observaban con un silencio pesado, el que solo se rompió cuando el conde suspiró bajando sus hombros con cansancio.
—Cuando la princesa esté en nuestras tierras, cuando tome vuestras habitaciones y sea coronada como vuestra consorte —explicó con paciencia—. En ese momento, debéis saberlo, ella no es la clase de mujer que va a dejar que viva en el mismo castillo, el doncel que dio a luz al primogénito de la corona.
Aquello hizo que el rey soltara a su mejor amigo. Le dio la espalda mientras caminaba a su trono. El conde podía no verle el rostro, pero por lo caído de sus hombros y sus pasos lentos, era bastante claro. El rey estaba considerando las palabras, dándose cuenta de que si amaba al joven campesino iba a tener que renunciar a él o esperar que la futura reina acabara con su vida.
—No sé que hacer, Lester —dijo sentándose en las gradas que alzaban su trono. Su expresión estoica, aunque sus ojos mostraban dolor—. Le amo, me ha dado un heredero…
—Lo entiendo, majestad —respondió acercándose. —Pero debéis considerar las consecuencias, todo lo que tendrá que vivir vuestro amado si no lo dejáis en buenas manos.
Esa era una realidad que el rey debía aceptar lo más pronto posible, el conde sabía lo difícil que iba a ser para su buen amigo, pero era su deber como su primer consejero guiarlo al lugar adecuado. Tener al joven en el castillo solo había provocado que la Corte se pusiera en contra de las decisiones del rey. Que lo creyeran en la necesidad de tomar una consorte para enderezar su camino y no había nada que ellos pudieran hacer para detenerlos.
El amor nunca había sido parte de los matrimonios reales y no lo iba hacer en ese caso. Por más que el rey
—¿Qué me aconsejáis que haga? —preguntó con desasosiego.
La pregunta había sonado desalentada, pero el conde no se dejaba engañar. Para convencer al rey de que debía dejar al joven ser feliz junto a su hijo en brazos de otro, tendría que usar muchas más palabras de convencimiento.
Suspiró.
—Una fiesta de cortejo —dijo sin pensarlo mucho, de hecho, lo había pensado durante mucho tiempo.
Esa sería la salvación. Él incluso tenía una lista con los nombres de aquellos que podían ser los perfectos prospectos. Hombres de buenas maneras, que no despreciarían al joven por haber tenido un amante antes del matrimonio.
Solo debía convencer a su rey.
El rey respiró profundo, miró a Lester con una expresión dolida. Pero no había nada que el conde pudiera hacer para evitarle ese dolor, por más que quisiera que las cosas fueran diferentes, no podría ser.
—Yo… —se levantó de golpe y le dio la espalda al conde—. Encargaros de hacer el llamado a todos los nobles solteros.
Lester asintió haciendo una reverencia.
—Será como ordenéis, alteza.



El suave galope se detuvo en la entrada del castillo. El grupo de soldados se detuvo detrás de su líder, quien admiraba su hogar con melancolía.
Los cabellos rubios se mecían con el viento, los ojos esmeraldas mostraban una calidez que hizo que los soldados sonrieran. Ese hombre podía ser uno de los más poderosos guerreros, pero, sobre todo, tenía un gran corazón.
—He regresado a casa —dijo a caballero, quien espoleó su caballo para estar a su lado.
El joven pelirrojo sonrió.
—Estamos en casa, príncipe.

Continuará...
No olviden comentar ;D

Comentarios

  1. Qué triste es tener que renunciar a quien amas para que este bien y no lo dañen 😢😥

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  2. Jooo que comienzo más triste, esto de tener que renunciar a la persona amada no me gusta pero nada.

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  3. Que bella historia aunque algo trágica por lo visto gracias por compartir ok kisses

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  4. Pobre Wesley , que triste que tenga que pasar por todo eso , y ese Rey maldito y estúpido , lo odio por haberlo engañado de esa manera y permitir que lo maltraten así , me pregunto si el nuevo recién llegado traerá algo de esperanza a la vida de Wesley ?
    Quiero saber como continua !!!
    Gracias Celeste ! me encanto , besos.

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  5. Muito triste e de cortar o coração.

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  6. Hola

    Hacia mucho que no me conectaba pero me alegra haber empezado por tu blog!!

    Mil gracias por el cap... espero ansiosa el sig !!

    Fighting!!

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